La vida es una carrera de fondo, no de velocidad.

A veces tenemos que tocar fondo antes de descubrir cómo disfrutar realmente la vida.

Michael Palmer, médico y novelista norteamericano.

Después de vivir 15 años en Europa, estoy de vuelta en México haciendo algo más que vacacionar. Estuve 5 años en Alemania, 5 en Austria y 5 en Suecia. En México ya pasaron más de 5 semanas, y no sé si nos quedaremos 5 meses o 5 años. No crean que me caso con los números, mera coincidencia.

Después de un período de burn-out y depresión, tomé decisiones radicales en mi vida. No estamos aquí para sufrir ni para perder el tiempo, estamos aquí en esta vida para adecuarnos y disfrutarla, para ayudar a otros, para aprender, para enseñar lo poco o mucho que podamos. Estamos aquí para enfrentar retos y superarlos, para hacer cambios, para mejorar y tratar de perfeccionar nuestras vidas. Estamos aquí para vivir y evolucionar como más nos guste.

Lo que no nos mata, nos hace más fuertes. Y si lo que nos da felicidad lo seguimos buscando o manteniendo, estaremos destinados a no sufrir.

A pesar de lo que he vivido y experimentado en Europa, puedo decir que la calidad de vida, más allá de buenos sistemas de salud, sociales, económicos, etc., es algo inherente a nuestro propio concepto de felicidad. Si estamos felices, la calidad de lo que vivimos supera a tales sistemas.

Nieta y abuelo midiendo voltajes un jueves por la noche. Coyo supervisa al abuelo y además le explica las teorías y fundamentos sobre electricidad. :-p

Ir al cine donde hay películas de alta calidad a precios baratísimos y con gente y ambientes culturales de primera, aunado a tener la compañía de queridísimas amigas o amados es un lujo. Tener el tianguis a la vuelta de la esquina, con todo y su algarabía, ese ruido producido por voces alegres y festivas, donde unos a otros se saludan sin importar si existe un lazo o no… todo eso no tiene precio. Que mis hijos jueguen fútbol en un Pilares, junto con un montonal de niños de su edad, niños del barrio, donde de un instante al otro se hacen amigos y se enseñas adivinanzas, chistes, pases y palabrotas… todo eso no tiene precio. Eso es para mí la felicidad. Tener a mis papás cerca, ver a mis niños jugar con ellos, lidiar con que les compren helados y pasteles… tampoco tiene precio. Y a pesar de las dosis de glucosa a las que se tiene acceso aquí en México, se puede disfrutar cuando hay conciencia de cómo balancear esos tropezones. Yo, que tengo dos manos izquierdas y solo un hemisferio cerebral en cuanto a temas de música se trata, esa misma yo está ahora aprendiendo a tocar el bajo eléctrico en la escuela comunal de mi área. Irme a bailar con mis amigotas a los salones donde se toca música guapachosa e irnos a quedar a casa de ellas y desayunar consomé y barbacoa la mañana siguiente… si eso no es felicidad, entonces qué es.

A mí que tan gordo me caía Chapultepec, ahora lo disfruto con los Chikis y los abues. Buena compañía y un helado son suficientes para sonreir.

Díganme si todo esto ES O NO ES tener calidad de vida. Para mí lo es. Y estoy feliz de regresar a México con todo y familia a experimentar mi país, mi cultura, mi idioma, mi comida, mi naturaleza y todo lo demás mexicano, con ellos. Dicen también que la felicidad es transitoria, pero mientras dure, valen la pena los esfuerzos y los cambios radicales para poder llegar ahí.

Deseo que ustedes también encuentren esa chispa que hace tener nuevas ilusiones, sueños, planes, deseos, etc. Esa chispa única que emerge de uno mismo y que puede mover montañas para conseguir lo que uno quiera.

Yo ya ejemplifiqué mi definición de felicidad, ahora ustedes cuéntenme cómo definen su propia calidad de vida. Les mando muchos saludos desde esta cálida tierra, esperando encontrarme con ustedes, los que están aquí y que leen mis posts, en persona.

Angie.

7 comentarios sobre “La vida es una carrera de fondo, no de velocidad.

Deja un comentario